En mi vida me encontré varias veces con personas que afirman que sólo pueden hablar de ciertas cuestiones de la vida humana y entender de la realidad que ellos están viviendo, si esas personas ya vivieron esa misma situación. Pero yo dudé y dudo de la veracidad de esa conclusión. Ser persona que tiene experiencia de vida no va estrictamente vinculado a tener que pasar existencialmente por unos hechos, pues la vida me ha mostrado frecuentemente que hay personas que aprenden y escarmientan en cabeza ajena mientras que no lo hacen otras ni sufriendo las realidades en la propia.
Un cristiano, que lea el evangelio con la mente abierta, sabe que en el monte Gólgota había tres personas condenadas a morir en la cruz: Jesús y dos bandidos (la tradición les da los nombres de Dimas y Gestas). Las tres personas responden de manera muy distinta en la misma situación, que se manifiesta en una interrelación y comunicación entre las tres con serenidad, confianza, rabia, odio, humildad… en las que aparecen insultos, reproches, peticiones, respuestas cariñosas… viven la misma situación de condena pero no tienen evidentemente la misma vivencia.
Ahora miremos en nuestro entorno y descubramos que en hechos como un accidente, ruptura afectiva, muerte, catástrofe… no todas las personas los comprenden, viven y responden de la misma manera. Vamos a ver a modo de ejemplo cuatro respuestas diferentes en los hijos ante un padre/madre con alzheimer y que pueden variar con el tiempo y tener grados diferentes de intensidad:
-En algunos casos quieren continuar la misma relación con ellos. Se enfadan porque se comportan de otra manera y mismo pueden deprimirse, ya que no los reconocen como hijos, ni asimilan ni recuerdan lo que les explicaron con detalle y paciencia. Les hace sufrir mucho cuando los tratan de padre/madre, abuelos, hermanos…
-Otras personas lo que hacen es visitar y acompañar a sus progenitores cada vez menos, porque no son reconocidos y eso lleva consigo que su cuidado recaiga progresivamente en otros familiares o instituciones. Como ya no saben quién son, dicen, la relación con ellos pierde interés.
-También pueden asumir que su cuidado les exige ser psíquicamente flexibles, lo que les hace un bien al tener que explorar y enriquecerse con nuevas formas de comunicarse y amar. La nueva condición familiar que les conceden revela la gran importancia que adquieren en ese momento de dependencia, enfermedad y debilidad vital. Esta situación les da la posibilidad de conocer mejor la condición humana y aumentar su capacidad para la comunicación, encuentro y amor hacia esas personas.
-Luego están los que renuncian al encuentro y relación con el que padece esa enfermedad, pues prefieren quedarse con la “imagen de él/ella cuando estaba bien”. ¿Qué pensarán y harán los otros familiares?
Por tanto pasar por una situación determinada no es definitivo para adquirir experiencia de ella, pues hasta puede darse el caso de hacer experiencia de esa situación sin vivirla y, al contrario, de no haber comprendido nada a pesar de atravesar esa realidad. Así que trabajemos, estudiemos, reflexionemos y dialoguemos para ser cada día un poco más “expertos en humanidad”.
Acepto que tiene mucho de verdad la expresión de que “las penas compartidas son menos penas y las alegrías compartidas se hacen más plenas”. Sé que no se le puede dar un valor absoluto a ese dicho, ya que en la manera de realizarlo puede llevar a que compartir las penas sea un mundo de lamentaciones que desemboca en la depresión o en un camino hacia el infierno. También la manera de compartir las alegrías puede ser una forma de exhibicionismo o humillación a los demás.
La vida humana sana nos exige vivir una libertad que humanice y no deshumanice a los demás, exige escucha, diálogo y solidaridad/fraternidad. Es estimulante para la vida sabernos imagen y semejanza de un Deus Trinitario, comunidad de amor, que es nuestro Padre común.
Decía Dom Hélder Cámara que “en lo que estás en desacuerdo conmigo, me enriqueces”, pues eso lleva a ahondar en las propias opciones vitales, a modificarlas en parte o a cambiarlas según proceda, ya que siempre es valioso caminar hacia el bien, la justicia y la verdad. Tengamos, pues, esta actitud positiva en la relación con los que en la vida son compañeros de camino.
Antón Negro