La celebración de este día de Corpus Christi de 2026 es completamente singular, porque coincidirá con la visita del Papa León XIV a nuestra Iglesia en España. Aunque no podamos estar presentes en la Plaza de la Cibeles en Madrid, haremos igualmente una experiencia singular de estar y vivir en la gran unidad de la Iglesia, particularmente visible a pesar de las distancias físicas.
El lema de este viaje papal es: ¡alzad la mirada! Y es muy apropiado para esta festividad, que, con la solemne procesión por las calles de nuestra ciudad, nos invita a alzar la mirada a Cristo, realmente presente en el Santísimo Sacramento. Alcemos la mirada hacia el Señor, que ha venido a nuestro encuentro, nos ha amado y rescatado del mal y del sinsentido, y permanece a nuestro lado, como sostén, amigo, maestro.
No miramos hoy hacia nosotros mismos, ni hacia las estructuras eclesiásticas, ni hacia nuestras mismas comunidades, y ni siquiera hacia el Papa León XIV. Contemplamos al Señor Jesús, al gran misterio de su Cuerpo y de su Sangre, en el que se entrega por nosotros.
Este amor radical de Dios hecho hombre nos asegura el bien mismo de existir, nosotros mismos y nuestro prójimo, todo lo que ha sido creado. Y nos llena de una esperanza que no defrauda, capaz de paciencia, de entrega y de trabajo.
Esta mirada a Jesús Sacramentado renueva siempre mentes y corazones, nuestros criterios de juicio. Sabiéndonos amados así por el Señor, estamos en el mundo de otra manera; podemos amar como Él ama, en comunión con Él. No juzgaremos por apariencias, no haremos discriminaciones por razón de poder, gloria o riqueza de este mundo; no aceptaremos al egoísmo como guía. No apartaremos la cara ante el hermano, siempre necesitado de vida, de plenitud, de felicidad; y tantas veces necesitado de respeto, de atención a sus derechos, de la satisfacción de necesidades elementales.
Veremos el anhelo de cada uno y, muy especialmente, los padecimientos de quien sufren situaciones injustas, abandono, soledad o enfermedades. No consideraremos ajeno, sino cercano, al que nos necesita, al que pone su esperanza en nuestra ayuda, en la de nuestra comunidad cristiana. Haremos del respeto y del cuidado, de la caridad, ley de la vida.
La semilla del Amor del Señor, su presencia en la Eucaristía, entrando en nuestros corazones, mantiene viva esa gran comunión, que abraza a cada uno y no excluye a nadie, que supera incluso los límites de la muerte. Él hace posible una fraternidad verdadera entre nosotros, aunque seamos pecadores, y que abarca incluso a quienes nos han precedido en la vida, a quienes podemos ayudar con nuestra oración y que interceden por nosotros.
Alcemos la mirada a Jesús Sacramentado, junto a León XIV y a toda la Iglesia universal. Vivamos la comunión que el Señor nos da, nacida y sostenida por su caridad infinita, caminemos como comunidad. Hagamos presente en nuestra tierra una fraternidad que sería impensable de otro modo, ofrecida a todos, capaz de venir al encuentro de quien lo necesita.
La celebración del Corpus Christi es la proclamación de nuestra esperanza en este mundo y para siempre, de la razón de nuestra alegría, de una gracia divina que está con nosotros todos los días y nos permite dar frutos de vida, de caridad, justicia y paz.
Alzando la mirada, más allá de nosotros mismos, creyendo y adorando el misterio de la Eucaristía, hacemos de nuevo un gesto profundo de libertad: aceptamos ser amados por Dios y elegimos amar, elegimos la comunión, la comunidad real en nuestra Iglesia. Proclamemos pues en este día con firmeza nuestra fe en el Santísimo Sacramento.
Encomendémosle particularmente el ministerio del Papa León XIV y los frutos de esta visita a nuestra tierra. Y pidámosle por la paz en estos tiempos nuestros tan revueltos; por la paz en nuestras casas, en nuestras parroquias y ciudades, en nuestra sociedad y en el mundo entero. ¡Feliz fiesta de Corpus Christi!
+Alfonso, Obispo de Lugo